Todo está dicho, prácticamente no queda nada por inventar. Los conceptos e ideas, la sublime descripción y constante disección de nuestras emociones, deja poco espacio para la originalidad. O al menos eso pensaba yo hasta hace poco, puesto que me he dado cuenta de que lo que vivo, pienso, deseo y experimento puede haber sido plasmado en papel o a golpe de teclado de mil formas distintas. Sin embargo, la única dueña de tales vivencias soy yo, así como la que elige la forma en la que quedan reflejadas. Y si mi elección no se corresponde con ningún canon literario establecido o, sencillamente, no gusta, no es relevante para mí. Sigo siendo yo, cerebro, entrañas y emociones, y decido compartirlos desde aquí.
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